El cerezo
El genio de las matemáticas cavó el hoyo en el jardín e introdujo dentro el arbolito. Durante años lo regó y abonó con cariño para que creciera alto y robusto, el magnífico cerezo le proporcionaba exquisitos frutos, pero... el genio de las matemáticas no era feliz, su árbol no lo amaba, su raíz no era cuadrada.

¡Genial! ¿Me lo puedo quedar?
¿Si? Gracias.
Muy bueno, muy bueno, plas plas-.