La balada de Herbert y Margaret
Margaret lanzó una altiva y definitiva mirada a Herbert. Herbert luchó inútilmente contra ese sentimiento de vergüenza que le estaba acorralando y le hacía sentir que se hundía en el asfalto. Luego se dio cuenta de que había metido los pies en unas arenas movedizas que pasaban por allí.
–No quiero volver a verte –dijo Margaret–. Al menos espero que te cambies ese ridículo peinado.
Las palabras retumbaron en los oídos de Herbert como bombas atómicas, muy atómicas. No comprendía tanta crueldad. ¿Acaso Margaret ya no lo quería? ¿Acaso ya no le gustaba su peinado, del que siempre decía que sobresalía sobre las cosas hermosas del mundo? Está bien, quizás nunca había dicho eso, o no con esas palabras, pero... ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué el mundo se venía abajo de esta manera tan terrible? No había palabras. Herbert colocó en Margaret una suplicante mirada llena de lágrimas, tan patética como inútil, balbuceó algo sin sentido, y se alejó tristemente, mirando al suelo, dando patadas a las piedras y a algún que otro niño.
–Está bien –pensó Herbert con todo el dolor de sus entrañas–. Ahora me iré a casa y escribiré cosas en mi diario. Cosas muy malas sobre ella.
Como Herbert no tenía diario, tuvo que empezar uno. Se sentó y comenzó a poner en práctica su plan de venganza, pero esto no calmó su sensación de desamparo. Por el contrario, sólo consiguió que apareciese un absurdo sentimiento de culpa. Reprimió sus deseos de golpear la cabeza contra la pared, pero terminó lanzando el recién estrenado diario por la ventana. ¿Qué podía hacer ahora? Bajar a recuperar el diario, eso desde luego, pero ¿es que iba a pasar el resto de su vida pensando en Margaret, encarcelado en un torbellino de lamentos y soledad, compadeciéndose de sí mismo miserablemente? Sí, bueno, no era mala idea, pero tal vez hubiera otras soluciones... Rápidamente se abalanzó sobre el teléfono y comenzó a marcar. Colgó cuando se dio cuenta de que había pulsado cincuenta números y no estaba logrando nada. El desasosiego se apoderaba de Herbert como un depredador de una presa fácil e indefensa. Las paredes de su cuarto lo cercaban y el pasillo de su apartamento se volvía laberíntico por momentos. Por fin, en un rapto de decisión surgido de algún bolsillo de su camisa, salió de su casa. En su atormentado espíritu había nacido una chispa de determinación que le hizo precipitarse a la calle, poniéndose su anorak en pleno verano, avanzar sin titubeos en busca de su destino, recomponer su orgullito quebrado, y sin volver la vista atrás, tomar las riendas de su agitada existencia.
Dieron las seis en punto cuando Herbert abrió la puerta de la peluquería.
7 comentarios
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Nada mejor como irse a la peluquería para recomponer la propia vida tras un disgusto de estas características. Seguramente Herbert se creería enamorado...
Kassia (21/01/2008)
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Me han gustado mucho, tus 3 cuentos,entiendo mucho a Herbert.
Saludos,Maria Eva.
Maria Eva (26/01/2008)
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El texto me ha gustado, entiendo, en parte lo que le ocurre a Herbet pero aun asi el final creo que se podria cambiar por algo mas sorprendente e inesperado, no algo de lo que, la mayoria de la gente se lo espera.
Saludos,
Tauro.
Tauro (14/03/2008)
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en hora buena por tus tres cuentos! este de herbert tienes frases muy buenas.
hina (31/03/2008)
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Dijeron Un Día...
Ya No Queda Cosa Alguna Que Escribir,
Por Que Todo Esta Escrito,
Divertido y Breve, Aunque Ambiguo
En Algunas Partes...
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Payed
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Payed (30/07/2008)
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El perfil de cotidianeidad del autor es lo que hace atrapante tanto a esta como a las dos obras anteriores que he leído. En este caso considero muy bien esculpido el factor sorpresa que representa para Herbert el comentario atrevidamente nefasto de su compañera, lo cual, tal vez, nos logre llevar a transitar pretéritos momentos adolescentes, en los que ínfimos comentarios y mínimas miradas representaban verdaderos parámetros. Un verdadero logro. Interesante.
El Pampa (26/09/2008)
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no entendi un carajo ni de este ni de los otros......que alguien me explique por lo que mas quieran!!!!!!!!!
Anonymous (25/03/2009)
