Pastos
–Has rozado con tu cuerno la flor sagrada de Hum –dijo la tortuga.
El unicornio, que sólo pastaba, alzó la testa sorprendido.
–Perdonad, noble bestia, desconocía la sacralidad de estas flores.
La tortuga, indignada, replicó:
–Estúpido animal mitológico. –Y concentrándose, cerró los ojos y gritó: –¡¡Desaparece!!
El unicornio, sorprendentemente lo hizo, con un estético pop.

Mmm... Parece un cuento infántil =P
El minicuento iba excelente; el final no me gusta; me parece que le hace falta contundencia al cierre. Pero bien vale este cuento corto su lectura.