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Asamblea plenaria

Los peces naranjas de la fuente de la placita se reunieron en asamblea plenaria para decidir si se comían el pan que, en pequeñas migas, un niño arrojaba al agua o por el contrario, conducta muy común en este tipo de peces, corrían a esconderse sin ningún tipo de sentido ni dirección concreta porque no había donde hacerlo.

Media hora la dedicaron a decidir como harían constar las decisiones tomadas en la asamblea, siendo como eran peces naranjas, sin boli, papel, ordenador, maquina de escribir, manos ni dedos. Como es obvio, no llegaron a nada.

Disolviose la asamblea y unos peces, los más, subieron a comerse las migas, el resto, los menos, como también resulta obvio, se dedicaron a dar vueltas, una vez más, buscando donde esconderse sin que hubiera donde.

Como es constatable, los peces mantuvieron sus conductas básicas sin variación.

La próxima vez, el esquema de desarrollo de la acción será el mismo. Los peces siempre realizan asambleas, pero como su memoria dura unos segundos olvidan lo discutido de una vez para otra, empiezan siempre de cero y la disuelven en el mismo punto en que la disolvieron la vez pasada.

Bien se vale, si no a ver quien coño los pesca, pensó el niño cuando los primeros peces subieron a por el cebo.