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La tomatera y el nogal

Estuvimos discutiendo acaloradamente sobre si plantar la tomatera o el nogal durante seis asambleas infinitas sin llegar a nada. Como en cualquier asamblea que se precie, defendíamos el consenso por encima de las sucias votaciones, con lo cual era imposible llegar a un acuerdo si ninguna de las dos partes daba su brazo a torcer. Los protomatera defendían, con afilada esgrima verbal, la productividad de la planta, y la posibilidad de colectivizar beneficios a corto plazo. La gente del nogal arengaba con un discurso que permitía vislumbrar la certera apuesta de futuro. La tomatera es un riesgo innecesario. El nogal es un castillo de aire con ínfulas de inversión. Bla. Bla. Bla. Al final, al ver la esterilidad del concepto de funcionamiento asambleario hicimos un agujero, cagamos todos dentro, lo tapamos y disolvimos la asamblea. Unos cuantos plantaron tomateras, otros nogales y yo un aloe, que va guay para problemas de piel. Aquí lo tienes en crema y en la estantería de la pared en gel. No, jabón de ducha con aloe no tengo. Es que somos nuevos y estamos empezando. Acabamos de abrir. Venga, gracias, ya sabéis dónde estamos. Hasta luego.