El novato
El guardia de seguridad está nervioso y asustado. Yo nunca he currado de esto, bueno, ni de esto ni de casi nada, piensa (suponiendo que los guardias de seguridad piensen). Además, no sé ni si valgo para esto, me asusto enseguida, no sé como reaccionaría si me encontrase con un chorizo. Oye un ruido detrás, la adrenalina rebosa el vaso, saca la pistola reglamentaria, se gira y vacía el cargador a bocajarro. Un segundo: estruendo; otro segundo: silencio atronador; otro segundo y un cuerpo como un paquete de carne picada cae al suelo. Mujer de la limpieza con clásico uniforme de empresa azul. El guardia de seguridad suda, palidece, tiembla, se mete la pistola en la boca y aprieta el gatillo. Un clic. Nada. Más silencio. Cargador vacío, recuerda. Se relaja un poco la tensión y llega el llanto. Cinco minutos después la policía.

Fijate que me parece que o bien has equivocado la profesion o heres un capullo de los de cuidado.
Como el maldito nerviosismo nos lleva a peligrosos finales mas vale mantener la calma.
Me alegro de no ser la del traje azul y que el vigilante de mis oficinas sea un hombre templado y poco asustadizo.