Mundo Du

Cuentos breves, relatos sorprendentes

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Los calcetines, la vecina

Cuando la vecina llamó al timbre para devolverme un calcetín caído del tendedero, no di importancia al asunto.

Dejé el calcetín en cualquier parte, regresé al sofá, continué viendo los Teletubbies.

Al día siguiente, la vecina regresó, trayendo esta vez un calzoncillo. No me pareció nada del otro mundo. Abandoné la prenda en una silla, lié otro canuto.

Esa misma tarde, la vecina me devolvió una camiseta. A la noche trajo un pantalón. A primera hora de la mañana, unos zapatos.

Ahora sí, sospeché que algo extraño ocurría: los zapatos eran marrones.

No me dio tiempo a pensar mucho en ello, pues a los pocos minutos la vecina volvió, esta vez con un jersey de lana bastante feo, un mono de mecánico, un tricornio, una estola de adviento y una capa de tuno.

Extrañome. Acepté las prendas, di las gracias, cerré la puerta.

Poco a poco fui recopilando todo aquello que a la buena señora se le ocurría introducir en mi casa. El espacio habitable de mi hogar fue reduciéndose, por todas partes se veían prendas amontonadas. Llegó el momento en que no me atreví a encender la cocinilla por miedo a prender fuego a la vivienda.

Ahora, mientras escribo esto, oigo llamar a la puerta. Será la vecina. Quisiera abrir y decirle, Por favor, no traiga más ropa, la situación comienza a ser desesperada, llevo más de un mes buscando mi cepillo de dientes.

Quisiera abrir, sí, pero no veo manera de abrirme camino hasta la puerta.

Cometas

El cometa surcaba sistemas planetarios, galaxias, abismos interestelares. La cometa cirros, estratos, cumulonimbos.

El cometa tenía una cola de polvo de estrellas. La cometa, de papel de colores.

Cuando se encontraron en los límites de la estratosfera, enseguida se dieron cuenta de que sólo les separaba un artículo.

Así que lo vendieron.

Y sin nada que se interpusiera entre ellos, fueron cometas.

Enamorados

Una pareja de enamorados se besa en la playa al atardecer.

Un comelucas los observa: sonríe enternecido y se come a Lucas.

Etiqueta

Casi todos los invitados vomitaron cortésmente en el hall antes de irse.

Fue una velada memorable.

Identidad

Luis Ignacio afirma, café en mano, que las opiniones, gustos y maneras de una persona se pueden determinar conociendo tan solo su nombre.

No deja de ser curioso, pues es lo mismo que me aseguró otro Luis Ignacio, café en mano, en otro año, otro bar y otra ciudad.

Ingredientes

Por fin había reunido los ingredientes necesarios para elaborar la pócima crecemanos.

Lástima que no tuviera manos para prepararla.

La pena del picante

Es una pena que a Elvira le guste tanto el picante. Le gusta tanto que en lugar de echarle tabasco al arroz le echa arroz al tabasco. Le echa jalapeños al yogur y pimienta blanca al café con leche, y es una pena. Elvira tenía una sonrisa preciosa. Ahora se la tapa la almorrana. Isabel le propuso tatuarse una sonrisa a la misma altura, pero Elvira es una mujer de símbolos. Un dragón chino, igual..., dice mientras juega con el mechero.

El novato

El guardia de seguridad está nervioso y asustado. Yo nunca he currado de esto, bueno, ni de esto ni de casi nada, piensa (suponiendo que los guardias de seguridad piensen). Además, no sé ni si valgo para esto, me asusto enseguida, no sé como reaccionaría si me encontrase con un chorizo. Oye un ruido detrás, la adrenalina rebosa el vaso, saca la pistola reglamentaria, se gira y vacía el cargador a bocajarro. Un segundo: estruendo; otro segundo: silencio atronador; otro segundo y un cuerpo como un paquete de carne picada cae al suelo. Mujer de la limpieza con clásico uniforme de empresa azul. El guardia de seguridad suda, palidece, tiembla, se mete la pistola en la boca y aprieta el gatillo. Un clic. Nada. Más silencio. Cargador vacío, recuerda. Se relaja un poco la tensión y llega el llanto. Cinco minutos después la policía.