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Todos los relatos (p谩gina 2 de 13)

La tomatera y el nogal

Estuvimos discutiendo acaloradamente sobre si plantar la tomatera o el nogal durante seis asambleas infinitas sin llegar a nada. Como en cualquier asamblea que se precie, defend铆amos el consenso por encima de las sucias votaciones, con lo cual era imposible llegar a un acuerdo si ninguna de las dos partes daba su brazo a torcer. Los protomatera defend铆an, con afilada esgrima verbal, la productividad de la planta, y la posibilidad de colectivizar beneficios a corto plazo. La gente del nogal arengaba con un discurso que permit铆a vislumbrar la certera apuesta de futuro. La tomatera es un riesgo innecesario. El nogal es un castillo de aire con 铆nfulas de inversi贸n. Bla. Bla. Bla. Al final, al ver la esterilidad del concepto de funcionamiento asambleario hicimos un agujero, cagamos todos dentro, lo tapamos y disolvimos la asamblea. Unos cuantos plantaron tomateras, otros nogales y yo un aloe, que va guay para problemas de piel. Aqu铆 lo tienes en crema y en la estanter铆a de la pared en gel. No, jab贸n de ducha con aloe no tengo. Es que somos nuevos y estamos empezando. Acabamos de abrir. Venga, gracias, ya sab茅is d贸nde estamos. Hasta luego.

Previsi贸n

Repicaron las campanas. Misteriosa conjunci贸n de un paraguas y una gallina a las puertas de la iglesia. Serm贸n. Consagr贸 el cura el pan, el vino, imparti贸 la bendici贸n. Concluy贸 la misa. De pronto, rompi贸 a llover a c谩ntaros y todos los feligreses se empaparon hasta los huesos. Todos, menos uno: la previsora gallina. Desde entonces nadie en el pueblo come 鈥撀i siquiera se puede nombrar aqu铆 este plato!鈥 huevos pasados por agua.

Diecis茅is enanos y medio

En Maracaibo viv铆an diecis茅is enanos y un medio enano. Todos eran hermanos y el medio enano era el hermano de al medio. Tambi茅n hay que decir que eran sus medio hermanos pues solo compart铆an el padre, claro que lo compart铆a solo con la mitad pues los otros ocho quer铆an mas a su madre que a su padre, al que no le perdonaban haberla enga帽ado.

Los ocho ignoraban que era un enga帽o a medias, es decir, su madre tambi茅n hab铆a enga帽ado a su padre, de hecho esos ocho eran hijos de otro enano. Lo que nos deja con el hecho de que los ocho y los ocho son solo medio hermanos.

Si un d铆a descubrieran toda la verdad, se sentir铆an desilusionados, pero solo a medias, claro.

Cuesti贸n de espacio

Como el barquito era de cascara de nuez y est谩bamos cinco tuvimos que echarlo a suertes para ver quien se quedaba. Follo mucho y por todos es sabido que eso conlleva la mala suerte colgada del cuello como cruz de caravaca, as铆 que me toc贸 la pajita m谩s corta y la p茅rdida del derecho a pasaje. Sal铆 a despedirlos a la ventana del 谩tico y agit茅 un pa帽uelo de seda lila hasta que los perd铆 de vista en la linea en la que el mar se funde con las nubes de la tarde. Entre al sal贸n, eleg铆 un libro (Nana, de Palahniuk) y volv铆 a la terraza a tumbarme a leer hasta que se pusiera el sol.

Creaci贸n

Sube las escaleras y llama a la puerta. Si nadie la abre: t煤mbala. Si una vez dentro no encuentras a quien buscas: cr茅alo. Una vez lo hayas creado: m谩talo. 隆Para eso te he creado!

Encuentro (I)

Surgi贸 s煤bitamente en el solitario sendero del parque. Ten铆a un aspecto feroz y ven铆a armado. El primer impulso de ella fue salir corriendo. Pero lo pens贸 mejor y decidi贸 darle la cara: 芦Si la iban a matar que lo hicieran de frente.禄 Entonces, en un instante m谩gico, el茅ctrico, los ojos de ambos se encontraron y en vez de quitarle la vida 茅l le entreg贸 la suya ya para siempre.

23:14

Alas irisadas, ojos burdeos, lomo gris a rayas, la mosca traza cuasirect谩ngulos, ya hace un rato, en el centro de la habitaci贸n.

Rompe su ef铆mera rutina para ir a posarse en el reposabrazos derecho de mi butaca de leer, donde se frota las patitas con gesto pausado.

Apunto con el libro cogido firme por el lomo y la aplasto de un golpe.

Levanto el libro y la veo languidecer de lado, un ala doblada, la cabeza girada en un 谩ngulo imposible y sacudiendo la patita del medio entre el tic y el estertor.

Vuelvo a mi plano, paso la hoja y sigo leyendo, y dice: mientras camina a zancadas bajo los 谩rboles enfundado en su traje de domingo. Desde帽ada o mal comprendida, lo cierto es que la esposa de Eccles le ha estimulado, y llega a su apartamento rebosante de lujuria.

Punto y aparte.

Lentejas

Comenc茅 a preparar las lentejas seg煤n la receta que siempre uso, a saber: sofrito de ajo, cebolla, tomate, zanahoria, chorizos, morcilla, arroz. Lo 煤ltimo que agrego a la mezcla son las lentejas (he de confesar 鈥搈adre, perd贸name鈥 que las uso de bote).

Todo bien, en marcha, aunque a m铆 las lentejas en julio... pero 脫scar quer铆a lentejas y yo soy f谩cil de convencer.

Pues bien, aquel d铆a, las legumbres tomaron el poder: nada m谩s echarlas a la olla, comenzaron a extender patitas a raz贸n de cuatro patitas por lenteja. Abrieron furiosas bocas y la tomaron con el chorizo.

Algunas de ellas, exhib铆an, cielo santo, virgen del amor hermoso, san blas prot茅genos, diminutas armas primitivas. (Luego supe que esos palitos que agitaban eran peligros铆simos.)

Mientras 脫scar trataba de salvar alg煤n bocado de chorizo del ataque lentejil, yo trazaba un plan.

Telefone茅 a mi sobrino. En pocas palabras, le dije:

鈥揝obrino, ven.

Acudi贸 a mi llamada.

Las lentejas, al ver un muchacho tan alto y guapo, saltaron de la olla y comenzaron a apilarse frente a 茅l. Dir铆ase 鈥損oco despu茅s lo comprobamos, de hecho鈥 que la lenteja reina pretendiera hablar con mi sobrino cara a cara.

Habl贸:

鈥揟rss kkl rrn knn.

Mi sobrino, que hab铆a pasado el verano en Irlanda, respondi贸, firme, sereno, valiente:

鈥揔nn rss kln r.

Las lentejas palidecieron. 脫scar intervino:

鈥揕a lunaaaaaaaa.

La monta帽a de lentejas se vino abajo, y cada una de ellas busc贸 refugio en una esquina. Como no hab铆a esquinas suficientes para todas, se dispersaron por toda la casa. Enseguida comprobamos que eran inofensivas y en pocos d铆as nos acostumbramos a tenerlas por ah铆, bailando, cantando y jugando con los gatos (insist铆an en ense帽ar a hablar a los felinos).

La casa es ahora purita felicidad. Est谩 m谩s limpia que nunca (las lentejas son muy escoscadas), y hace ya tres veranos que no nos pica una pulga.

Heredero

Dicen que cuando el terrible shogun Yorimoto perdi贸 a su 煤nico heredero en la toma de Kioto sinti贸 que le amputaban un miembro. Quiz谩 por eso a帽os m谩s tarde promulg贸 el cruel edicto de la automutilaci贸n: el samurai capaz de cercenarse m谩s a s铆 mismo y sobrevivir heredar铆a el trono de Kioto.

3:30 pm

Me dej贸 all铆, desnudo y se fue. No me dijo qu茅 hacer. Maldita cig眉e帽a.